
Y no era , ni es, precisamente curable vía Tamiflú. En medio del marasmo que viven las instituciones políticas de la Concertación, y la oportuna constante del mechoneo de la Alianza por Chile, les dejo parte de una entrevista que me hizo hace algún tiempo un medio de prensa local, y que tiene que ver con la crisis que viven las fuerzas políticas que hace 21 años atrás, combinando fuerza, creatividad, disciplina, solidez ideológica y responsabilidad ciudadana, permitieron recuperar la democracia.
Adicionalmente les dejo de regalo un libro de George Orwell (no me simpatiza mucho este autor en todo caso)que todo ciudadano libre de pensamiento debiera leer........cualquier similitud con la realidad...........no es coincidencia.
Siguiendo con el tema de entrevista, una de las preguntas del periodista fué más o menos en este tenor:
(PREGUNTA)
Para algunos analistas la curva ascendente del PS en términos de influencia en la sociedad chilena tocó techo...
(RESPUESTA)
Puntos más, puntos menos de la cuestión estadística, si hacemos una mirada más profunda, si nos situamos en lo cualitativo como referencia de análisis, la raya para suma no es alentadora, ya que no sólo de cifras vive un partido. Las raíces del estancamiento o declive en la curva de influencia en la sociedad chilena son mucho más profundas, y tienen que ver con el tipo de institución política que tenemos.
El Partido Socialista desde su nacimiento en abril del 33, ha cumplido un rol permanente de animador -y conductor en muchos casos- de los grandes cambios sociales, políticos y culturales que se han producido en Chile. Hoy día carecemos de una clave interpretativa de país, como asimismo de un constructo orgánico moderno y renovado que nos permita establecer mayores niveles de validación social y empatía ciudadana. Cada vez es más evidente -y esto no sólo afecta al PS- la carencia de un sello distintivo vinculante en los socialistas.
Estamos más bien cada vez más cerca de la consolidación de un clima que tiende más a la diáspora que a la acción colectiva. Y si a esto le sumamos la desviación electoralista en la que hemos caído, está claro que difícilmente estaremos en sintonía con la sociedad chilena. Remontar este curso nefasto y empalmarlo virtuosamente con el rol de actor responsable que hemos tenido en la consolidación de la democracia en Chile es la gran tarea, si no la única que tenemos por delante, si queremos sobrevivir.
